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Miguel

Creo haber utilizado todas las posibles entonaciones de tu nombre a lo largo de tus siete años de vida.

“Hola, mujer”, empieza desde Malabo, grabando un audio en Whatsapp. Se la escucha moverse y trastear desde un sitio más recogido a un espacio abierto, donde también se perciben voces de gente y hasta se intuyen hierba y cielos inabarcables, quizás preñados de nubes de lluvia. “Te iba a comentar un poco la historia de Guinea, la que tiene que ver con los fang”, advierte. Y arranca un racimo de varios audios seguidos, donde escoge palabras cuidadosamente y que parten ora de Malabo ora de Madrid durante semanas, acompañando su peregrinar entre España y Guinea Ecuatorial. Habla Trifonia Melibea Obono Ntutumu Obono (Afaetom, Guinea Ecuatorial, 1982), una novelista arriesgada, de verbo desbordado y cautivador, autora de dos obras publicadas en español en las que denuncia la opresión heteropatriarcal de las mujeres fang. Se está convirtiendo en una auténtica revelación en el ámbito literario hispano, refrendada por el cariño con que la glosan plumas como la de Alfonso Armada. Relativamente en paz en su país, donde a veces se nota incomprendida y la tachan de loca por desmontar tradiciones perniciosas o defender a los homosexuales, vive a caballo de dos mundos y en ambos parece ejercer de exótica excepción.trifonia-melibea

“La mujer guineana está sometida por la iglesia y la cultura bantú”, precisa Melibea, intercalando algunas líneas escritas con los audios. “La élite política ha bebido de estos dos modelos de socialización. Las mujeres tienen derechos formales, no reales, y el estado, bastante débil a pesar de recoger ciertos derechos en la constitución, da lugar a que la tradición sea más fuerte que la ciencia. Las mujeres aquí vivimos así”.

Nos cruzamos por primera vez en persona en el vestíbulo de un hotel madrileño pegado a la serenidad soleada del Retiro, medio en reformas, en la calle Alcalá. Ella se ha desplazado en metro, cargada con un bolso enorme donde acuna ejemplares de sus dos novelas. Toma una y me la tiende, arrumbada en la esquina de un sofá donde concentra su figura pequeña y esbelta, atribulada por el peso de un catarro que parece que se le pega como una segunda piel al cuerpo en cuanto pisa tierra española: en los ojos llorosos, la nariz congestionada, la voz que trompetea y la curva dolorida que va de los hombros al final de la espalda. Antes de desprenderse de la copia de su primera obra publicada, Herencia de bindendee, se encorva ferozmente sobre ella para dedicarla, ocultando su garrapateo  a bolígrafo con el cerco de los brazos y negándose a que nadie lea sus palabras antes de que desaparezca, arrastrando gérmenes y denuncia como un  peculiar velo nupcial. Se dirige al punto de Madrid en el que presentará la segunda, La bastarda. Es una mujer menuda de hombros estrechos y alargadas manos finas, con los ojos risueños a pesar del abotargamiento de la gripe, la boca ancha generosa y el pelo, natural, estirado hacia atrás. Se viste con sencillez y parece terriblemente joven.

“Es verdad que el libro es subversivo, pero vale la pena, creo, decir cómo vivimos las mujeres aquí”, siguió escribiendo después, desde Madrid o Malabo. “No hay mucha ruptura. Las costumbres se mantienen intactas. Los cambios son tímidos. Se debería hacer más”, persevera después de ese primer, único y breve encuentro en persona, utilizando la vía del móvil para romper la brecha de la distancia.

[Colonia y descolonización]

Licenciada en Ciencias Políticas y Periodismo y máster en Cooperación Internacional y Desarrollo por la Universidad de Murcia, Melibea es docente e investigadora en temas de género y mujer, con un doctorado en ciernes en la Universidad de Salamanca, para cuya tesina se centra en la práctica de la dote y el casamiento tradicional en su sociedad de origen, la fang.

Docente en la Facultad de Letras y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Guinea Ecuatorial desde 2013, también forma parte del equipo del Centro de Estudios Afro-Hispánicos de la Universidad Nacional de Educación a Distancia. Además, ha escrito varias novelas que están pendientes de publicación y ha sido incluida en la antología  Voces femeninas de Guinea Ecuatorial, editada por Remei Sipi (Barcelona: Mey, 2015),  con el relato La negra. Ha colaborado con varias publicaciones nacionales y extranjeras. Herencia de bindendee es su primera novela, aparecida en Ediciones en Auge. La segunda, La bastarda, ha sido publicada por la editorial Flores Raras. joaquin-melibea-boturu-en-viena-1

Su voz resuena enérgica desde Malabo por WhatsApp, una vez dejado atrás el sempiterno catarro español y los primeros indicios de un otoño retrasado en Madrid.

“Antes de la colonización española, la etnia fang se dividía en varias tribus”, arranca, pedagógica, desde ese país tan pequeño, lejano y misterioso para nosotros que es Guinea Ecuatorial. “Esas tribus son la principal división social, política y demás de la etnia fang. Antes de que llegara la colonización, los fang vivían en lo que hoy se denominaría un pequeño estado, con su territorio definido. Cuando llega la colonización, aunque dicen que dura dos siglos, lo cierto es que dura dos siglos en la isla de Bioko y en otra pequeña parte del territorio guineano, pero no en territorio fang. No era productivo para la colonia española: el territorio fang era todo bosque y sin carreteras, sólo comunicado por caminos. Cuando España se queda sin mano de obra es cuando penetra en el territorio fang, así que la colonia ahí dura unos 25, 30 años. Hay una colonización bastante chapucera. Es económica, no cultural. No llega a desarraigar ciertas costumbres. Entre las que intenta desarraigar está la de no consideración de la mujer fang como una persona. Los españoles se dan cuenta de que las niñas fang son entregadas en matrimonio después del destete, con dos, tres, cuatro años. Entonces se la lleva a vivir con la familia del futuro marido. Ahí vive, ahí crece y ahí se moría la mayoría. Muchas se daban cuenta de lo que significaba el matrimonio cuando menstruaban. Digamos que el fang entiende que la mujer nace con dos fines: reproducirse en el matrimonio y antes de reproducirse en el matrimonio, aportar una dote. La dote la entrega la familia que se la lleva, la tribu. El colono empieza a, de alguna manera, evitar esos matrimonios precoces con dote. Funda internados y lleva a las niñas allí. Pero habría que haber pasado más años en territorio fang para lograr inculcar una cultura igualitaria. Si pensamos en las décadas de los 30, 40, 50 en España, lo que hay es inestabilidad. La cultura de la igualdad tampoco existe en España. El feminismo es bastante débil. Aquí llega a cuentagotas, casi nada”.

Guinea Ecuatorial se independiza de España en 1968 y llega al poder Francisco Macías, un dictador al que Melibea caracteriza, implacable, como un ser “impredecible, inculto, sin estabilidad mental ni proyecto de estado”. Con la retirada de España del territorio ecuatoguineano, el presidente Macías decide recuperar la “época gloriosa” del pueblo fang. “Se prohibió hablar en español, volvieron los matrimonios precoces y todo lo que la colonia decía que estaba mal”, prosigue Melibea. “No sé si debería decir que hubo un renacimiento de la cultura fang antigua, asimilando incluso a otros grupos étnicos no fang. Es un periodo que todos recuerdan con tristeza en Guinea, pero sobre todo la mujer, porque había una dictadura de estado general y también había una dictadura de los hombres sobre la mujer. Luego llega el golpe de estado de Teodoro Obiang, que en Guinea se llama Golpe de Libertad a nivel institucional. Vuelve la cooperación española en manos de la iglesia española, de las congregaciones, en el territorio de la educación. La cultura es más fuerte aquí que la ciencia. Las costumbres tradicionales siguen vigentes. Un gran porcentaje de mujeres siguen sometidas a esa forma de entender el mundo”.

[Sin cambios]

Según Trifonia Melibea Obono Ntutumu Obono, Guinea Ecuatorial ha mutado superficialmente con el paso del tiempo: tiene infraestructuras modernas, las niñas pueden acceder a la educación y a las mujeres se les reconocen derechos a través de la constitución y diferentes iniciativas legislativas. “Sin embargo, la cultura fang, si conoce algún tipo de cambio, son cambios que se han producido de alguna manera forzados por el cambio económico, no porque exista una voluntad real de que haya cambio”, remacha, implacable. “La familia y la tradición pesan más que la escuela. Si en casa te dicen que, por encima de educación y trabajo, tienes que ser madre, tienes que obedecer. La igualdad no se refleja en la escuela. No estoy viendo una ruptura entre lo que éramos y lo que somos, veo una continuidad con cambios tímidos. No hay un cambio sensible, que rompa en las mentes de hombres y mujeres fang con lo que debe ser una mujer fang”.

La obra de Melibea ha supuesto una conmoción en su país.

cv8vezvxgaumudmHay quienes le escupen directamente un “loca” a la cara. Otros afirman que expresa ideas de blanco, que se contaminó en España, donde se aclaró por dentro. Los terceros hablan de una interpretación muy personal de la tradición fang, que no tiene que ver con la realidad fang actual. Los de más allá aseguran que sufrió maltrato físico y psíquico en la infancia y que el suyo es un caso aislado que refleja en sus novelas, no un esquema social que se pueda generalizar dentro del mundo fang. También los hay que señalan que se busca la enemistad de los hombres. Muchos opinan que malversa y desprestigia la identidad fang. Hay mujeres se han unido a la cruzada contra sus letras y en defensa del modelo cultural que ella combate.  “Para esclavizar al otro, hay que convencerle de que se merece la esclavitud”, precisa al respecto Melibea. “La primera persona que se opone a lo que escribes es la propia mujer fang, porque la han socializado para que vea que esa forma de vida es normal”.

La forma de vida de la que habla en sus páginas implica que la mujer no es persona ni tiene voluntad propia y que ejerce de carga de un hombre desde que nace hasta que muere. Los matrimonios concertados, los precoces y la poligamia son la regla. La violencia psíquica y física, también. La vida de la mujer fang se aparece ante la mirada estupefacta del lector como una sucesión de desgracias sin visos de redención. El castigo es la norma y la recompensa a la sumisión llega con la muerte. La vida es procrear dentro del matrimonio y servir a los hombres de tu familia y tu comunidad. Más allá de ese esquema, sólo quedan el exilio, el desprecio y el ostracismo. Una fascinante y surrealista compota de conceptos fang, católicos y patrióticos sirve como asfixiante salmorejo imaginario en el que se marina el alma de las mujeres y los hombres fang, asfixiando a todos bajo el peso de múltiples estereotipos, obligaciones, yugos y cadenas.

Herencia de bindendee no parece centrarse en un momento concreto de la historia ecuatoguineana, quizás porque su autora no aprecia un cambio real en la evolución del estatus de la mujer fang desde la colonia hasta nuestros días. Esa indefinición temporal hace que algunos hablen de la obra como un compendio antropólogico que disecciona el pasado, pero no tiene relación alguna con el presente. Ella defiende que está segura de lo que escribe, contenta de sostener cada palabra, aunque la llamen loca o afirmen que malinterpreta la tradición. Melibea se revira, ahora en Madrid y de nuevo con gripe, en los siguientes audios.

“Desde que empezó a explotarse el petróleo en Guinea Ecuatorial, mucha gente sale de los pueblos y llega a las ciudades. Muchas mujeres, aunque viven en las ciudades, no tienen formación y llevan vida de pueblo: las costumbres que obedecieron en el pueblo las obedecen en la ciudad. Otro problema es que Guinea se ha desarrollado en el acceso a la educación y la constitución garantiza el derecho a la educación, pero si no regulas el acceso a la interrupción voluntaria del embarazo, las mujeres se van a quedar atrás. Si estableces que la educación es gratuita y accesible para todos, pero no haces nada para que el peso de la tradición vaya desapareciendo poco a poco, las niñas seguirán estando en la incultura. Guinea ha cambiado mucho, pero para que se vean cambios en la mujer se tienen que hacer unas normas específicas, las acciones positivas, algo concreto para que se hable de la mujer como eje del desarrollo. A día de hoy, tampoco hay una regulación del matrimonio consuetudinario: el modelo actual es el que se aplicaba antes de la colonización. Ser soltera sigue significando lo que significaba antes, porque no hay normas que dignifiquen a las mujeres solteras. Los embarazos precoces siguen dificultando el acceso a la educación y el progreso de las niñas, su empoderamiento. Hay que mirar con enfoque de género para ver esos problemas. Los problemas de la mujer no están en la agenda política ni institucional y para muchos hombres, la situación de la mujer es bastante cómoda. Continúa vigente la prostitución institucionalizada de la que hablo en el libro: cómo la niña va bebiendo la cultura de la prostitución pero que no se llama prostitución. Hay dos tipos de prostitución: una chica que se coloca en una acera con una falda corta y la prostitución familiar, donde te dicen que hay que traer un chico a casa que te pague los gastos. Eso es real. Ocurre en Guinea. No tiene nada que ver con el tiempo de Macías. Es hoy. Los problemas de género para muchos guineanos no son problemas a resolver. Es lo natural. Por eso no se ven y cuando escribes un libro y lo dices, eres la que pone nombre a cosas raras. Qué nombre tiene lo que no tiene nombre. A muchas niñas les están enseñando a prostituirse. Eso pasa en las familias fang”.

Tampoco es popular entre sus conciudadanos la defensa de la homosexualidad que ejerce en La bastarda. Ella es consciente de que se trata de una opción sexual natural pero estigmatizada en el continente africano, sobre todo a raíz de la colonización y la imposición de modelos sociales y religiosos extranjeros. “En nuestro país se considera como una epidemia importada por los blancos, algo que no es natural, que no es africano, algo que se contagia”, reseña. “Creo que la aceptación de la homosexualidad llegará muy lentamente a África negra, pero tarde o temprano se acabará reconociendo. Y hablo de la homosexualidad en la mujer, porque la mujer está invisibilizada y se desprecia mucho a las lesbianas. Se considera que ser lesbiana es un capricho. Como algo que pasará en el momento en que la mujer siente la cabeza y encuentre un hombre. Al hombre homosexual se le castiga mucho más, porque se espera mucho más de él dentro de la cultura fang. Lo que yo defiendo es que la mujer es, primero que nada, un ser humano y que todas las opciones son lícitas y respetables para ella: homosexualidad, bisexualidad, transexualidad”.

Dice que no sabe qué es lo que la convoca a escribir. No elige los temas que va a tratar: ellos le rondan. Se sienta ante el ordenador y surgen ideas que va plasmando en la pantalla, casi obsesivamente. Cuando pasan dos meses o tres ya tiene un texto largo. “Para mí la escritura es vida, es existir, es libertad de expresión, es ser capaz de crear un mundo para las mujeres y los hombres en el marco de la igualdad de género”, dice.

Colada

Era un tiempo de viudedades repentinas e intempestivos tríos en el reino de los calcetines.

“Fuera godos, negros y sudacas”, escribiste. Y me surgió responderte sobre la misma cal tintada de amarillo, a la altura del cabildo.

Quise prevenirte de que garrapatear un mensaje xenófobo y racista en una pared de Las Palmas de Gran Canaria tiene poco sentido. Pensé en señalarte que es muy probable que tu mapa genético incluya pedacitos de ADN “godo”, “sudaca” y negro.

Por no decir que es seguro, a menos que hayas surgido del huevo depositado por un extraño explorador alienígena en la caldera de Bandama, por ejemplo. A menos que llegues con tus mensajes exclusivos y tu mente estrechita desde el espacio exterior.

Siempre me quedó claro que ser canario era dominar el arte del mestizaje, que la canaria es una tierra de mezcla y acogida.

Sin ir más lejos, mi padre es godo, mi hijo es medio negro y planea casarse con una medio sudaca. Ninguna nave espacial me dejó en la isla, incontaminada como tú. Tengo amigos, jefes, amores y compañeros sudacas, negros y godos y todos me dejan huella y en todos me veo.

Hay signos que me inspiran alguna esperanza al leerte: veo que no tienes nada en contra de los “moros”, por ejemplo. O los escandinavos.

No sé si te quedaste sin tinta en el rotulador o te sorprendió la lucidez a mitad de la lista.

Prefiero creer lo segundo.

Que te iluminó aquel alienígena primigenio con un rayo expeditivo y te recordó que el viaje es parte de nuestro ADN, desde la cuna de la Humanidad en Sudáfrica y hasta que el último humano fallezca. Que nos mezclamos desde lo más oscuro de los tiempos y ni uno se libra de la “impureza”.

Espero que ese rayo te impulsara a buscar un nuevo rotulador, diferente, y con letra distinta, como disfrazada, procedieras a autoenmendarte debajo de tu escrito con un “FUCK NAZIS” pequeñito pero sentido.

 

 

Recordaba a Milla Jovovich en El quinto elemento. Era perfecta: pelirroja, imperturbable y capaz de retorcer su columna como si fuera una trenza de nueces.

Reincidente

Me explicó, determinado, que se iba a alejar de aquel parque, aquellas compañías y la bebida. Lo hizo bajo los laureles de India y amarrado a su cerveza.

Regresó la alarma del móvil.

Ya no eran los besos de Jorge

los que me abrían los ojos por la mañana.

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Literatura, cultura y nuevas tecnologías

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Y mi mente viaja a lugares que no conozco